Si nos remontamos a décadas anteriores, la figura del servicio de ayuda a domicilio se reguló por primera vez en Gran Bretaña 1946, siendo los pioneros, y entendiéndolo como uno de los programas de asistencia sanitaria.

Poco tiempo después, el gobierno Holandés organizo los primeros pasos del servicio de ayuda a domicilio en 1947, del cual se hacían cargo equipos de voluntariado, generalmente ligados a asociaciones de tipo religioso.

Estos servicios que se comenzaron a prestar en aquellos tiempos, vinculados al sistema sanitario y a políticas sociales, para posteriormente, alrededor de las décadas de los 60 y 70  ser implantados en el resto de los países cuyo desarrollo estaba más vinculado a las presiones de carácter social que al diagnóstico y prevención de las necesidades de la población a la que iban dirigidos.

Fue a partir de los años 80, cuando se empezó a evaluar las necesidades, susceptibles de llevar a cabo en los servicios domiciliarios, relacionados con la población de personas con discapacidad, edad avanzada, enfermedad o situación de dependencia. Todo ello con la finalidad de permitir a estas personas continuar en su entorno social y maximizar todo lo posible, el tiempo de estancia en sus domicilios, retrasando en la medida de lo posible el ingreso en instituciones.

Fue en el año 2006 cuando entra en vigor la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en situación de Dependencia en España, la conocida como Ley de Dependencia, dándole forma a lo que en la actualidad es el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD), donde se ofertan todos los recursos disponibles para la atención y promoción de la autonomía personal de este colectivo tan vulnerable.

Desde lo que se conoce en la historia de la humanidad y hasta la actualidad, una persona enferma y/o anciana, pasaba a ser responsabilidad de los, ascendientes o descendientes, por ser considerado entre otras cosas una obligación moral.

 

Pero la evolución educativa, la disminución de hijos y la participación de la mujer en el mundo laboral y la economía familiar, ha provocado que se descuide cada vez más la atención de los enfermos y personas mayores por parte de las familias.

La figura de la auxiliar de ayuda a domicilio a partir de los años 80, paso a ser algo casi imprescindible, pero mayoritariamente centrada en la atención doméstica en los domicilios y dejando en segundo plano la atención sociosanitaria, pues por entonces se valoraba poco o nada, y cuya atención, continuaba al cargo de las familias.

Pero el abandono progresivo en estas últimas décadas, de la población joven en las zonas rurales en busca de una estabilidad económica y el deseo de las personas mayores de continuar en su entorno de toda la vida, ha posicionado a la auxiliar de ayuda a domicilio en algo imprescindible no solo para su atención de estas personas en todos los ámbitos de sus vidas, sino para paliar los efectos de la soledad que se ha ido generando con el paso del tiempo.

Ha sido necesaria una pandemia, para que, se valore aún más la labor de estos y estas profesionales que ha sido primordial durante tantos meses de confinamiento.

Han dejado de ser las personas que realizaban las tareas domésticas, a ser el técnico sociosanitario preparado para cualquier eventualidad que pudiera surgir en el domicilio.

Nos ha tocado en los últimos meses, aprender rápido y bien, para garantizar la seguridad, atención y apoyo a las familias de las personas en situación de dependencia, sin descuidar el autocuidado del profesional, que ha resultado clave para contener los contagios, en la medida de lo posible, y en lo que a nosotros nos ha tocado vivir.

Para finalizar, nos haremos solamente una pregunta:

Quien es realmente el/la Auxiliar de Ayuda a Domicilio en el Siglo XXI???

Es ante todo una persona con una sensibilidad extrema y una gran vocación.

Es el nexo de unión entre los agentes sociales y la persona en situación de Dependencia, permitiendo a estos primeros, llevar a cabo el seguimiento del recurso que se le está proporcionando para mantener su autonomía en las actividades de la vida diaria  y, llegado el caso, valorar ante posibles cambios, la necesidad de acceder a otro recurso ofertado por la Ley de Dependencia si fuera necesario.

Es la persona que llega a formar parte del entorno familiar del usuario al que atiende a diario.

Es la motivación del enfermo, la medicina contra la soledad y un apoyo fundamental en la vida del cuidador principal o familiar al cargo.

Es el profesional que trabaja sólo en el domicilio y sin el apoyo de un facultativo que le indique lo que tiene que hacer, y preparado para tomar decisiones en caso de observar un empeoramiento en la salud de la persona a la que atiende.

Preparado para hacer tareas domésticas, cocinar, preparar, administrar y controlar la medicación.

Preparado para curar heridas leves, supervisar el estado de salud del usuario y contactar con la familia, el médico de atención primaria  o los servicios de emergencia si fuera necesario.

Es el profesional que se ocupa de que el usuario mantenga su autonomía y continúe en su casa de toda la vida, mientras la salud se lo permita.

Son las manos y los ojos de los familiares, que por circunstancias, no pueden atenderles ni estar cerca de ellos todo lo que quisieran.

Son el respiro del cuidador principal. No debemos dejarles de lado, la carga física y psicológica del cuidador principal de una persona en situación de dependencia es demasiado pesada, y con el tiempo, requiere tantas atenciones como el enfermo del que se ocupa las 24 horas del día.

Son psicólogos, consejeros, árbitros en los conflictos familiares.

Discretos, pacientes, cuyo único objetivo es garantizar el bienestar de la persona enferma y mantener un entorno saludable.

Hemos avanzado mucho como auxiliares de ayuda a domicilio, en reconocimiento y profesionalidad, aunque a mi juicio, todavía queda camino por recorrer para que estos profesionales sean reconocidos como un sector casi imprescindible dentro de los múltiples recursos que oferta nuestra Ley de Dependencia.

No obstante, desde SAPI SERVIPER seguimos abogando por la profesionalidad del sector, reinventándonos ante estos tiempos, que están resultando muy difíciles tanto para los enfermos, las familias, como para los técnicos sociosanitarios de atención domiciliaria , que ponen todo el empeño posible en proteger y cubrir las necesidades de un colectivo tan vulnerable  como son nuestros mayores y enfermos.

SUSANA RAMIREZ SANCHEZ
Gerente Sapi Serviper S.L.

 

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