Salvador, un señor ya mayor y viudo, con una seria enfermedad de carácter respiratorio, que le obligaba a tener puesto el oxígeno durante, al menos, dieciocho horas al día; vivía solo en su domicilio rodeado de sus recuerdos de toda la vida.

Tenía hijos que le visitaban cuando sus obligaciones familiares y laborales se lo permitían, lo que hacía que nuestro protagonista de esta pequeña historia, pasara la mayor parte de los días en soledad.

Este jovencito de unos 85 años de edad, recibía la visita diaria de la auxiliar de ayuda a domicilio.

Todos los días, a la misma hora, ya fuera invierno, primavera, otoño o invierno, Salvador se asomaba a la ventana de su casa que daba a la calle, con la ilusión de ver llegar a su auxiliar.

Cuando llegaba, la tan esperada visita, nuestro “jovencito”, le contaba a aquella muchacha lo que había estado haciendo el día anterior, para lo que le decía: “Siéntate conmigo hija, que debes estar cansada de aguantar a tantos mayores” y “como sé que fumas, te he comprado un paquetillo de tabaco para que te fumes un cigarrito conmigo” “¿Has desayunado?, tomate un vasito de leche fresquita”

La auxiliar todos los días, le regañaba por esperar asomado a la ventana, por miedo a que pudiera enfermar por coger frio, le decía que no podía fumar con él dentro del domicilio, entre otras cosas por su problema respiratorio.

Le comentaba también que ella venía a prepararle la comida, y atender a las tareas domésticas diarias………., pero Salvador le decía que no hacía falta hacer tantas cosas, que le tenía muy bien atendido y volvía a decirle: “ anda …….siéntate un poquito aquí conmigo”.

Mientras la auxiliar estaba en casa de Salvador, le observaba en su estado de salud, comprobaba que la máquina de oxigeno funcionaba correctamente, supervisaba su aseo y la ropa que llevaba puesta y, se aseguraba de que las comidas preparadas el día anterior, así como la medicación, habían sido consumidas en su totalidad. A la vez, le invitaba a hacer pequeñas tareas domésticas con el objetivo de mantener su autonomía.

Cuando llegaba la Navidad, nuestro amigo tenía preparado un detallito para su auxiliar, consistente en un frasquito de colonia o una caja de bombones……., todo le resultaba poco para agradecer a esa persona que, cada día que le visitaba y cubriera una hora de su eterno tiempo diario, en hacerle compañía, mantener una conversación y unas risas, sobre cosas poco triviales, que dejaban un dulce sabor de boca y el deseo de que llegara el siguiente día para volver a esperar asomado a la ventana.

El deseo de nuestros mayores de continuar en su entorno de toda la vida hace que nos encontremos muchos casos como los de nuestro protagonista de la historia.

Ello hace que el trabajo incondicional del técnico sociosanitario en atención domiciliaria, reciba el agradecimiento diario de aquellas personas a las que visitan durante unas horas a la semana.

Esta es su tarea, entre otras muchas, dependiendo de cada una de las situaciones a las que se enfrenta en su día a día, combatir un ratito diario, la soledad de los mayores y de aquellas personas que por circunstancias precisan de ayuda a cambio de continuar en su entorno social y familiar el mayor tiempo posible.

Ese es el objetivo cumplido de tod@s los profesionales que trabajamos en el apoyo y la atención domiciliaria de las personas en situación de dependencia.

Esa es nuestra mayor satisfacción:

Ver cumplido nuestro objetivo.

SUSANA RAMIREZ SANCHEZ
Gerente de SAPI SERVIPER S.L.