El fomento de la movilidad y las actividades de la vida diaria de las personas enfermas y en situación de dependencia, es uno de los cometidos más importantes que tienen los técnicos sociosanitarios en la atención domiciliaria.

La labor que realizan consiste en un trabajo diario, en el que los objetivos se llegan a alcanzar pasado un periodo más o menos largo de tiempo, dependiendo de cada caso.

Dichos objetivos requieren de un mantenimiento diario, de manera que, en ningún momento se puede dejar de fomentar al enfermo, ya que acaba abandonándose y retrocediendo en su estado físico, su movilidad y, como consecuencia de ello, cae en un abandono psicológico que desemboca en una depresión que, en la mayoría de los casos, ya está previamente diagnosticada.

La frustración de no poder valerse por sí mismos, genera no solo problemas de salud, sino que afecta seriamente a la calidad de vida de las personas, independientemente de su edad y patología.

Como consecuencia del estado de alarma y el confinamiento de la población, debido a la pandemia de COVID-19, muchos de los usuarios del Servicio de Ayuda a Domicilio, ante el temor de contraer la enfermedad, suspendieron todas las visitas de los técnicos sociosanitarios y la de sus propios familiares, recluyéndose, mayormente solos, en sus domicilios.

Tras el levantamiento del confinamiento, aun con un miedo patente de los usuarios y sus familias a la enfermedad, conseguimos volver a realizar nuestras visitas para la atención de los enfermos y dependientes.

El panorama que encontramos después de casi tres meses de inactividad ha sido demoledor para todas las personas:

        Enfermos con patologías psiquiátricas totalmente descontrolados.
        Personas mayores que dedicaron su tiempo a ver las noticias en la televisión y a informarse de si el vecino de al lado se había enfermado o, en el peor de los casos, había fallecido como consecuencia de ello, acuciando todavía más el miedo a la enfermedad; y como consecuencia de ello, dejando que la mente haya vagado sola, entre miedos y temores puesto que no había nada más que hacer, ni nada más en que pensar.
        Desarreglos alimenticios, ya que durante este tiempo no han tenido quien pudiera controlar las distintas ingestas de alimentos y líquidos diarios. Ni tan siquiera se tomaron la medicación, o no lo hicieron correctamente ya que las visitas a los centros de salud se restringieron de forma masiva.

Se suspendieron también sesiones de rehabilitación, terapias semanales y todo aquello que fomentaba la movilidad y el trabajo diario de la mente de nuestros mayores.

        Al no poder salir a dar el paseo diario, muchos de ellos, con distintos grados de movilidad, han perdido la agilidad diaria de salir a ver al vecino de al lado, acudir a su terapia, sentarse en el parque de enfrente de casa a tomar el sol, o simplemente, la compra diaria de la barrita de pan para comer. La consecuencia de ello, ha sido la de fracturas de huesos por caídas accidentales debido a la falta de movilidad y estabilidad en la marcha.

Situación que ha agravado aún más el estado físico y psicológico de los mayores sobre todo.

Nuestros técnicos en atención sociosanitaria al finalizar la pandemia se han encontrado con varios problemas a la hora de reiniciar el apoyo a los usuarios:

        Trasmitir la confianza necesaria a los usuarios y sus familias de que, no traen consigo la enfermedad de COVID, para ello, llevan sus equipos de protección individual, formado por batas, mascarillas y gel hidroalcohólico (pudiendo llevar gorros y calzas, dependiendo del caso a atender) y, llevando un equipo distinto para cada usuario, cortando de antemano la posible cadena de trasmisión comunitaria.
Prueba de ello, es que, a día de la fecha, no hemos registrado ningún contagio ni en el personal técnico ni en nuestros usuarios.
         Rehabilitar psicológica y físicamente a nuestros enfermos, trabajando en la recuperación de esa movilidad perdida, que una vez que se vaya consiguiendo, mejorara su estado general.
        Encontrándose mejor el usuario al que atendemos, traerá como consecuencia la tranquilidad de las familias, tan necesaria en los tiempos que vivimos.

 Conseguiremos nuevamente nuestros objetivos porque esto pasara.

 Algo tenemos muy claro:

 Esta situación nos ha enseñado, todavía más, que nuestra prioridad es el bienestar de las personas en situación de Dependencia, para lo que hemos puesto, ponemos y seguiremos poniendo todo nuestro empeño y profesionalidad en protegerles, ayudarles y apoyarles en sus necesidades, porque ese es nuestro trabajo.

 

SUSANA RAMÍREZ SÁNCHEZ

Gerente Sapi Serviper S.L.