CAPITULO I

A lo largo de distintos capítulos vamos a intentar describir la demencia, centrándonos posteriormente en la enfermedad de Alzheimer, la cual que se ha convertido en todo un reto para la ciencia y para la sociedad de nuestro tiempo.

La federación mundial de asociaciones de familiares y personas con Alzheimer, Alzheimer’s Disease International (ADI), publica regularmente informes sobre el estado actual de la investigación de la demencia y el Alzheimer. En uno de sus artículos recogidos en el World Alzheimer Report 2018, señala que dos de cada tres demencias están causadas por esta enfermedad. Estimando que en la actualidad hay 50 millones de personas con demencia en el mundo y se cree que esta cifra podría triplicarse hasta alcanzar 152 millones de personas afectadas en el año 2050.

Señala también, que supone la séptima causa principal de muertes en el mundo.

En cuanto a su coste global,  Alzheimer’s Disease International, estima que es superior a 867.000 millones de euros al año y calcula que ese coste se duplicara en 2030.

Pese al alto coste global, la investigación sobre la demencia no recibe financiación suficiente en relación con otras investigaciones como podría ser la del cáncer.

El informe Prevención, intervención y atención de la demencia: informe 2020 de la Comisión Lancet  actualiza la evidencia del informe de 2017 sobre prevención, intervención y atención de la demencia, y se presentó en Julio de 2020 en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer (AAIC 2020).

Cada vez son más las evidencias que apoyan la teoría de que no hay una única causa que lo produce, sino que hay una serie de factores de riesgos no modificables y modificables que, en mayor o menor medida, podrían incidir en el desarrollo de la demencia.

Entre los factores de riesgo tendríamos:

Por una parte los factores de riesgo no modificables, entre los que estarían la edad y la genética:

  • La edad es uno de los factores de riesgo principales para desarrollar la enfermedad, dándose en pacientes con una edad superior a los 65 años aumentando las posibilidades según se avanza en edad.

Aunque hay personas de edad mucho más avanzada que conservan todas sus funciones cognitivas integras, por lo que podríamos considerar que el envejecimiento no es la causa inevitable para desarrollar demencia o Alzheimer.

  • La genética, teniendo en cuenta que el Alzheimer no es una enfermedad considerada hereditaria, sí que se ha observado una incidencia del 1 % de los pacientes que la han desarrollado como consecuencia de ser portadores del gen APOE.

Generalmente, los pacientes diagnosticados de Alzheimer como consecuencia de su carga genética, son personas jóvenes que comienzan a desarrollar los síntomas a partir de los 30, 40 o 50 años, siendo afectados múltiples familiares a lo largo de varias generaciones afectadas por la enfermedad.

Por otra parte los factores de riesgo modificables, de acuerdo con las investigaciones científicas, apuntan en dirección a la salud cardiovascular, al estilo de vida y a la educación.

Así, la directora ejecutiva de ADI, Paola Barbarino, dijo: “Profundizar en el informe realmente vale la pena porque hay muchas más gemas por descubrir, por ejemplo, la educación es realmente importante hasta los 20 años, después de eso, el aprendizaje puede no ser un factor tan clave. El énfasis en promover el desarrollo educativo a una edad temprana nunca ha parecido tan crucial. La jubilación anticipada, que muchos perciben como un resultado deseable, en realidad puede aumentar nuestras posibilidades de desarrollar la enfermedad.

Un hallazgo clave del informe 2020 de la Comisión Lancet, es la adición de tres nuevos factores de riesgo de demencia: consumo excesivo de alcohol, lesiones en la cabeza y contaminación del aire.

En lo que a nuestra salud cardiovascular se refiere, cabe destacar la hipertensión, el colesterol, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo o el consumo de determinadas sustancias toxicas.

Nuestro estilo de vida, centrado en el que el sedentarismo, una dieta poco saludable tendrá una incidencia directa sobre nuestra salud cardiovascular, por lo que si nuestro corazón no funciona correctamente nuestro cerebro tampoco lo hará.

Por otro lado, mantener nuestra mente activa, evitar el aislamiento social y utilizar audífonos en los casos de hipoacusia, que evitara a su vez el riesgo de depresión, será otro factor en nuestro estilo de vida, que mostrara resistencia a la hora de desarrollar cualquier tipo de demencia.

Así que, en nuestras manos tendremos la posibilidad de reducir la posibilidad de desarrollar una demencia, modificando nuestro estilo de vida por hábitos de vida más saludables.

¿Pero cómo?

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  • Cambia tus hábitos: Evita el tabaco y todos los excesos de consumo de sustancias toxicas para nuestro organismo, el estrés de forma crónica, procura dormir las horas el organismo necesita y ten un sueño reparador.
  • Adopta una dieta saludable, rica y equilibrada en aporte de nutrientes necesarios haciendo caso a los criterios médicos a la hora cuidar nuestra salud cardiovascular.

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  • Incorpora a tu vida una actividad física saludable. El ejercicio físico de acuerdo con tus posibilidades de forma cotidiana, permitirá que tu salud cardiovascular se mantenga en unas condiciones óptimas. Recuerda que el sedentarismo genera obesidad y acumulación de placas arterioescleróticas en las arterias que afectaran directamente a nuestro sistema cardiovascular y, como consecuencia, a nuestra salud vascular del cerebro.

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  • Mantén las relaciones sociales, ya que afectan directamente a nuestra actividad cognitiva cerebral. De esa forma, mantendremos a nuestro cerebro activo.

Los expertos han comprobado que llevando a cabo hábitos de salud saludables, podría potencialmente prevenir o retrasar hasta un 40% de las demencias y, a su vez, se podrían evitar uno de cada tres casos diagnosticados de Alzheimer.